¡Hola a todos! Tal vez se hayan dado cuenta de que estuve un poco ausente del blog en los últimos días, pero ya estoy de regreso. Por suerte, tenemos a Ali que supo reemplazarme con sobrado talento 💖. Y el retorno se produce nada menos que con esta maravilla que a todos dejará babeando, jejeje. Pasen y vean.
Otro que vuelve a BANANAS es esta maravilla alucinante de hombre que se hace llamar Jade Desire (o Desir, según el sitiio que visitemos). En verdad que estoy fascinado con este morocho y no tanto por el calibre y extensión de su verga (¡que también!) sino por la peculiar belleza de su rostro y... ¡SOBRE TODO!... des esa boca enorme y carnosa que solo me inspira sueños húmedos, juas. Para colmo, tiene el gesto de fruncir los labios y echarlos hacia delante... y francamente me enloquece verlo, jajajaja.
O sea... Resumiendo: cada vez que aparezca un nuevo video de Jade Desire, nos pondremos a la labor de conseguirlo y compartirlo con todos ustedes.
Pero en el caso de hoy, hay otra razón para incluir esta publicación entre nuestras Ediciones Especiales.
Hace unos meses, los productores de Naked Sword tuvieron una idea genial: realizar una serie de videos recreando encuentros sexuales entre hombres en distintos momentos de la historia. La llamaron Volver a lo de antes (Back to Before) y, hasta el momento, hemos constatado que tienen cuatro episodios pero suponemos que habrá más en el futuro (¡ojalá!).
Como dije, es una idea reciente. El primer episodio apareció el 18 de febrero y está ambientado en 1920, época de la Ley Seca, en EEUU. El segundo episodio es en realidad el que compartimos hoy. El tercer episodio apareció el 5 de marzo (todos de este año de 2026) y transcurre en la Antigua Grecia. Y el cuarto y último hasta la fecha, aparecido el 11 de marzo, recrea un encuentro entre un caballero medieval y su escudero. Todos los capítulos, aboslutamente soberbios.
Empezamos con el Capítulo 2 sencillamente porque aquí quedamos todos calentitos con la primera aparición de Jade Desire en BANANAS (Relajate... Es solo un juego) y ya no veíamos la hora de volver a invitarlo. Somos humanos y tenemos nuestras pasiones, jajajajaja. Pero además, porque plantea una situación que todos nosotros (Salvo Ali, que es muy jovencito) vivimos en carne propia: el levante callejero en tiempos en los que la homosexualidad no gozaba de la visibilidad y la aceptación que tiene hoy en muchos países occidentales. De hecho, es un tema tan interesante que puede que este texto termine siendo inusualmente largo, jeje.
La «excusa» que sirve para entrar en tema es la del antiguo «Código de los pañuelos», que fue un sistema de comunicación visual utilizado por hombres gays y bisexuales en la Nueva York de los años 60 en adelante. Como bien se menciona en el video, antes de las aplicaciones de citas, este código permitía indicar preferencias sexuales de forma discreta en lugares públicos o clubes nocturnos. La «gramática» de ese código se basaba en la posición y el color del pañuelo.
1) Posición: El pañuelo se colocaba en los bolsillos traseros del pantalón. Los pasivos se lo colocaban en el bolsillo izquierdo y los activos, en el bolsillo derecho.
2) Color: Acá la cosa se vuelve un poco más compleja.
- Azul: el chico solo buscaba sexo anal convencional.
- Rojo: significaba «fisting», o sea que le gustaba meter o que le metieran el puño en el culo. En el episodio de hoy, Joe lleva un pañuelo rojo en el bolsillo izquierdo, es decir que las cosas pudieron haberse salido de control, jajajaja. Pero Jade llevaba solo un pañuelo azul.
- Amarillo: proponía «lluvia dorada», o sea mear o ser meado.
- Negro: Sado-masoquismo (S&M).
- Gris: Fetiche con cuero (leather).
- Verde: Trabajador sexual buscando cliente.
En una época donde la homosexualidad aún enfrentaba un fuerte estigma y la policía realizaba redadas constantes, el código permitía a los hombres «cruzar miradas» y saber exactamente qué buscaba el otro sin necesidad de decir una sola palabra. Era una herramienta de supervivencia y eficiencia comunitaria. Hoy en día, con la llegada de internet y las apps de geolocalización, el código cayó en desuso, como podrán imaginar.
En la Argentina, el código de pañuelos no tuvo la misma masividad que en Estados Unidos. Sin embargo, sí existieron códigos similares y formas de comunicación discreta, adaptadas a un contexto local mucho más represivo. Recordemos que, en los 60s y los 70s, vivimos casi todo el tiempo bajo regímenes dictatoriales y, a partir de la década del 80, inaugurado el período democrático, llevó tiempo desarticular la mentalidad homofóbica de la gran mayoría de la población. Una mentalidad que parece estar reviviendo en la actualidad, por culpa del avance de la ultraderecha.
En la Argentina de los 70 y principios de los 80 (especialmente durante la última dictadura militar), cualquier señal de identidad sexual disidente era extremadamente peligrosa. Portar un código visual, por muy sutil que fuera, podía ser motivo de detención por «edictos policiales» o «averiguación de antecedentes». Por eso, la comunicación solía ser aún más invisible que un pañuelo de color.
Uno de los códigos más extendidos en la Argentina y el resto de Latinoamérica fue el del aro en una oreja específica. A mí me lo enseñó un viejo cliente que, allá por el 2005 ya era sesentón y siempre repetía el código como una especie de «mantra»:
Izquierda es gay, derecha es «straight»
Eran épocas en las que las cuestiones de género todavía estaban en discusión (al menos para el común de las personas) y solían confundirse los términos. Por eso lo de «gay» refiriéndose al pasivo y lo de «straight» refiriéndose al activo. Cuando algún chico nuevo de la parada, uno que no lo conocía, le preguntaba sobre sus gustos, él señalaba con orgullo su arito en la oreja derecha, jeje.
Este código del aro era lo suficientemente discreto como para pasar por una moda rebelde ante personas no iniciadas, pero funcionaba como una señal clara dentro de la comunidad.
Sin embargo, no todos los homosexuales usaban arito. En mis inicios en la calle, hubía algunos que usaban el llavero de modo similar, colgándoselo visiblemente de la pretina del pantalón. Pero no fue una práctica muy difundida y, para darse a conocer en lugares públicos, lo más habitual siempre fue recurrir a las miradas y al «cabeceo», jeje. Si uno estaba en una plaza, en un bar o en una estación de trenes, el método era clavarle la mirada al objetivo y, si este respondía del mismo modo, mover la cabeza de costado (el cabeceo) a modo de asentimiento. Claro que este sistema también podía ser peligroso. He visto casos en los que el tipo observado se enojaba y terminaba a los golpes con el mirón.
Por estas y otras razones, los puntos de levante más destacados en la Argentina fueron siempre las «TETERAS». Y lo digo casi con nostalgia, jajajaja.
Las teteras eran determinados baños públicos donde los gays sabíamos que «había levante». En general eran baños públicos en las grandes estaciones de trenes, en cines porno, en algunos bares específicos y menos frecuentemente en los centros comerciales. Muchos de ellos eran lugares infectos en los que la higiene y el mantenimiento de las instalaciones eran menos que una ilusión, jeje. Sin embargo, los putos asistíamos allí con la esperanza de encontrar a alguien que nos sacara las ganas. Incluso sé de romances duraderos que se iniciaron en una tetera, jajaja. Hay un libro maravilloso de Alejandro Modarelli y Flavio Rapisardi (Fiestas, baños y exilio) que describe con detalles sus diversas características durante los años de dictadura, pero las teteras funcionaron hasta hace relativamente poco y quizá todavía haya alguna que sigue vigente.
Estuve tentado de iniciar este párrafo con la expresión «por fortuna» pero me rectifico porque el hecho de que, en los años 2000, la vida de muchas personas del colectivo LGBT+ comenzara a mejorar no fue fruto del azar o de alguna intervención divina. Las organizaciones militantes desarrollaron una actividad invaluable que llevó al reconocimiento social no solo de nuestro derecho a existir sino también de nuestro derecho a reivindicaciones que nos fueron negadas a lo largo de toda la historia. Los ejemplos constituyen una larguísima lista que excede los límites de este texto intrascendente. Por solo mencionar uno, puedo decir que el primer logro verdaderamente notorio por su indiscutida relevancia fue la aprobación de la Ley de Unión Civil para personas del mismo sexo en 2002 en la Ciudad de Buenos Aires. Aunque fue una norma local que no regía para todo el país, sirvió para permitirnos mayor visibilidad y contrastaba sin dudar con el contexto represivo de las décadas anteriores. Buenos Aires fue la primera ciudad de Latinoamérica en establecer una norma semejante y se convirtió en un destino turístico internacional para la comunidad LGBTQ+. De modo que surgieron muchísimos bares, hoteles e incluso librerías gay-friendly, que ya no eran solo escondites o rincones oscuros, sino lugares con vidrieras a la calle.
En los 2000 surgieron también las grandes discotecas gays de Buenos Aires: Glam, Palacio y la icónica y todavía vigente Amerika. Está claro que ahí ya no había que esconderse, jeje. De hecho, son proverbiales las lujuriosas bacanales que se producían en el «tunel» de esa discoteca. Y llegado a este punto, confirmo que mi temor a que este texto terminara siendo demasiado extenso no era infundado, jeje. Pero ya que estamos en el baile, hay que bailar.
El tunel de Amérika es es un amplio pasillo con muy poca luz que conecta diferentes áreas del boliche y, durante algunos años, funcionó efectivamente como un «dark room», un cuarto oscuro destinado a la actividad sexual. Para muchos usuarios, es parte de la identidad de «libertad total» que el boliche promociona desde su apertura en 1999. Sin embargo, por cuestiones legales y de habilitación municipal en Buenos Aires, los boliches no pueden tener áreas destinadas explícitamente al sexo. Amerika es conocido por ser uno de los boliches con más clausuras temporales en la historia de la ciudad (principalmente por ruidos molestos o exceso de capacidad). Esto hace que los dueños sean más cautelosos con lo que permiten en los rincones oscuros para no dar motivos adicionales a los inspectores. Por esa razón, en la actualidad, el personal de seguridad suele realizar rondas o mantener una vigilancia distante para evitar excesos que puedan derivar en una clausura. O sea que, el famoso túnel ya no es lo que era (¡cuántos gratos recuerdos acuden a mi memoria! jajajaja) y ha perdido algo de su «mística» original. Ahora la gente suele concretar antes por aplicaciones, aunque el espacio sigue siendo un imán para lo espontáneo.
Uffff...
Me fui un poco por las ramas y espero no haberlo aburrido 😬
Pero ahora es momento de disfrutar de este video tan inspirador que espero que ustedes también disfruten. Si es en buena compañía, tanto mejor, jeje.
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